♻️ Konjac: el nuevo material eco de moda

En nuestra ruta colectiva por un mundo con menos plástico, aparece un nuevo material ecológico que no libera microplásticos. Hablamos del konjac, utilizado no sólo en la higiene personal o la limpieza de nuestro hogar, sino también en alimentación. ¿Qué es el konjac? ¿De dónde sale y cómo se utiliza? ¡Te lo explicamos todo en este post!

¿Qué es konjac?

El konjac es una planta tuberculosa que crece en los bosques tropicales del sudeste asiático (China, Vietnam, Indonesia o Japón). Su tronco alcanza un diámetro de hasta 25cm y es de hoja perenne.

El konjac se ha utilizado durante siglos por sus propiedades medicinales y nutricionales. Su aporte en fibra alcalza prácticamente el 100%.

Principalmente se usan sus raíces para, una vez tratadas, elaborar esponjas y productos alimenticios, como fideos konjac y otros tipos de pasta o gelatina vegana.

 

Esponjas konjac

En cuanto a cosmética, no se puede negar que las esponjas konjac están en auge.
Para elaborarlas, hay que moler y cocer la raíz de la planta de konjac.

El producto obtenido es totalmente natural y vegetal, por lo que estamos hablando de esponjas veganas que además no liberan ningún tipo de microplástico con el desgaste de su uso.

Al ser naturales, están indicadas para su uso en pieles sensibles y delicadas, ya que su textura es muy suave y cuidadosa.

Tienen una vida útil aproximada de unos tres meses, y al ser naturales, una vez han alcanzado su fin pueden ser depositadas en el cubo de compostaje.

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Cómo son las esponjas konjac

Lo primero que llama la atención de las esponjas konjac es, sin duda, su dureza. ¡Pero cómo vas a lavarte la cara con esa piedra!, podrías pensar. Y es que cuando está seca, podría asemejarse más a una piedra pómez que a una suave y delicada esponja que va a cuidar tu piel.

Una vez humedecida, el tacto de la esponja konjac cambia por completo y entonces sí que es cuando notarás su suavidad.

Cómo utilizar esponja konjac

Utilizar tu esponja konjac es muy sencillo. Simplemente humedécela con agua tibia y una vez adquiera la consistencia suave y blanda, humedécete la cara con ella.

Aplícate ahora tu jabón facial (si usas uno líquido, añádelo en la esponja) y frota tu rostro suavemente con la esponja konjac. Eliminarás más impurezas que si lo hicieses solamente con tus dedos. Además, exfoliarás suavemente tu piel sin liberar microplásticos.

Una vez te hayas aclarado y secado la cara, enguaja bien tu esponja konjac y cuélgala para que se seque por completo. Si puedes hacerlo a la vez que le toque un poco el sol, ¡mejor! Los rayos UV contribuirán a frenar la propagación de bacterias y hongos.

Te sorprenderá gratamente la eficacia de la esponja konjac. La textura ligeramente gomosa de la raíz contribuye a generar más espuma, de modo que no tendrás que utilizar tanto jabón. ¡Un ahorro extra!

Cómo cuidar tu esponja konjac

Como todas las esponjas y similares, las esponjas konjac absorben agua debido a su extrema porosidad. Esto es parte de su encanto, por supuesto, pero también es parte de tu peligro a la hora de cuidarla para mantenerla y que dure más. Cualquier superficie que acumule humedad puede dar lugar al crecimiento de bacterias y hongos, por lo que es muy importante que tras su uso, se deje secar al aire.

Afortunadamente, la mayoría de esponjas konjac incorporan una pequeña cuerda para que puedas colgarla después de cada uso y ayudes de este modo a su secado por completo.

Las esponjas de konjac han venido para quedarse: son aptas para personas con la piel sensible, son veganas y son biodegradables.

¿Ya las has probado? ¿Te gustan? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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